Sin un porqué

Cerró los ojos. La boca llena de arena le hacía respirar con dificultad. Apenas le quedaba energía para seguir luchando. Pero, ¿por qué esta lucha? En ocasiones había tenido que luchar, pero nunca de una forma tan brutal y nunca sin un motivo. Sólo lo había hecho por conseguir y defender las cosas que tenía en la vida: la futura madre de sus hijos y su posición social. No tenía nada más, pero tampoco lo necesitaba. Sólo había una cosa, el deseo de ser padre algún día. Sea como sea, era feliz. Vivía en un pequeño paraíso, rodeado de los suyos, entre los árboles. Era respetado y respetaba. Era libre. ¿Y ahora? Ahora apenas podía moverse.

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