Doses, unos y ceros

Marisa abre los ojos cuando el timbre suena por segunda vez. Grita que ya va y se levanta. Pasa por el baño para mirarse en el espejo y un rostro con demasiadas arrugas le devuelve la mirada. Trata de arreglar el desorden de cabellos rubios sobre su cabeza, pero solo consigue empeorarlo. Suspira y va a abrir la puerta. Es la cartera. Le entrega un paquete cuadrado y una carta del banco. Marisa firma el acuse de recibo y se despide de ella. Se tumba de nuevo en la cama y abre la carta. El desahucio va a ser en dos semanas. Se ha acabado el tiempo. Más me vale que el traje funcione. Aleja el miedo de su mente. Hace mucho se dijo que pasara lo que pasase, no habría lugar para temores o arrepentimientos.

Seguir leyendo →