Nuestros actos tienen consecuencias

- ¡Papi, en el cole nos han enseñado el cuento de la ratita presumida!- anunció María cuando la senté en su sillita.

- ¡Que bien María! ¿Te ha gustado?

- Sí. La ratita es taaaan presumida como Paula. ¡Ji, ji, ji!

- ¡Yo no soy presumida! ¿A qué no lo soy, papá?- se quejó Paula.

- Sólo un poquito, como tu hermana María.- dije sonriéndoles a las dos.

- Eso es porque somos como mamá, ¿verdad papá?

- Sí cariño. Mamá también era presumida, ¡pero un poco menos que vosotras dos, bichitos!- exclamé haciéndoles cosquillas en la barriga.

- ¡¡Para papá!! ¡¡Nos haces cosquillas!! ¡¡Ji, ji, ji, ji, ji!! ¡¡Para por favor!! ¡¡Ji, ji, ji!- rieron las dos a la vez.

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