Viajar

Nunca fui un niño que quisiese viajar. De hecho, hasta los dieciséis años no tuve la oportunidad de volar.

Tampoco lo eché de menos. Por ese entonces, yo, no era la persona que ahora soy.

Pero de repente, un día, algo en mi mente cambió. Me di cuenta que la vida es efímera, corta. Me di cuenta que lo que no hayas vivido, habrá sido tiempo perdido.

Y compré una mochila.

El que me la vendió pensó que hacía un buen negocio. Pensó que estaba vacía. Pero que va. Estaba llena de ilusión, aunque él no lo comprendía.

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