Sin un porqué

Sangre

Cerró los ojos. La boca llena de arena le hacía respirar con dificultad. Apenas le quedaba energía para seguir luchando.

«¿Por qué esta lucha?», se preguntó.

En ocasiones había tenido que luchar, pero nunca de una forma tan brutal y nunca sin un motivo. Solo lo había hecho para conseguir y defender las cosas que tenía en la vida: la futura madre de sus hijos y su posición social. No tenía nada más, pero tampoco lo necesitaba. Hasta esa tarde, había sido feliz, en su pequeño paraíso, rodeado de los suyos, entre los árboles. Había sido respetado y respetuoso. Había sido libre. ¿Y ahora? Ahora apenas podía moverse, estaba herido y cansado. Levantó la cabeza y se cruzaron las miradas. De repente, apareció el miedo. No el miedo a la muerte o al dolor, sino el miedo a perderlo todo. Sintió pena… Tuvo la certeza de que ése era el fin. Jamás regresaría a su hogar, pero lo peor era que nunca sabría el motivo por el cual había sido arrancado de él y arrastrado hacia esa encerrona brutal. Vio el brillo plateado asomar por debajo del trapo rosa. El filo le apuntó directamente y una última inyección de rabia le recorrió el cuerpo.

«¿POR QUÉ?», gritó justo antes de abalanzarse contra su rival.

Apenas había dado tres pasos cuando notó como el frío metal le desgarraba la piel y se le hundía en la carne. Dio una última embestida que, inútilmente, acabó dando contra el maldito trapo rosa mientras se le escapaba el aliento. Cayó de bruces en la arena, demasiado cansado para seguir y sintiendo que la vida se le acababa. En el último suspiro, mientras dos lágrimas corrían por sus mejillas, trató de mirar a su asesino a los ojos, intentando, por última vez, saber el porqué. Lo único que vio fue el reflejo dorado de su traje de luces mientras giraba sobre sí mismo, saludando al público y celebrando la victoria de la muerte sobre la vida.

Discusión

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