¿Por qué he estado dos meses sin escribir?

Hace mucho tiempo que no escribo, así que no estoy seguro de que aún sepa hacerlo. Lo intentaré y espero que no decaiga mucho el nivel 😉

Tal vez seas una de las muchas personas que me han escrito durante mi ausencia para preguntarme porqué no escribía y cuándo volvería a hacerlo. O tal vez no. No importa. Sea como sea, en este post te voy a explicar qué ha sido de mi durante los dos meses de ausencia. Coge un vaso de agua y siéntate, los hechos que voy a relatar a continuación son difíciles de creer, pero son absolutamente reales. Allá voy.

 

Todo comenzó el día 1 de noviembre. Ese día me desperté a las 9 de la mañana, como acostumbro a hacer los días que no tengo ninguna obligación. Me duché y salí a la calle. No iba a ningún sitio en particular, simplemente quería dar un paseo y disfrutar del aún agradable clima. Todo iba bien hasta que me encontré con Iris, aunque en ese momento aún no sabía su nombre. Iris es esa chica que te cruzas con ella y no puedes evitar girarte para seguir mirándola. Y ese fue el origen de mi desgracia. Mientras caminaba con el cuello girado mirando el increíble culo de Iris, choqué con un árbol que había en la acera y caí de espaldas, con tal mala fortuna que me golpeé fuertemente la nuca contra el suelo. Perdí el conocimiento durante unos segundos y lo primero que vi cuando abrí los ojos fue a Iris mirándome con cara de preocupada.

—¿Estás bien? —me preguntó.

—Emmm… Creo que sí —respondí un poco confuso mientras me frotaba la cabeza.

—Tranquilo, soy enfermera —anunció sonriendo—. Tengo un remedio muy bueno para los golpes en la cabeza.

Sin dejar de sonreír, se agachó a mi lado y me desabrochó los pantalones. Me miró, se mordió el labio inferior y comenzó a bajármelos.

—¡¿Pero qué haces?! —grité agarrando con fuerza mis pantalones.

—Shhhhht… —susurró—. Déjame hacer, te he dicho que soy enfermera y sé lo que me hago.

—¡Me da igual lo que seas! ¿Acabo de darme una ostia es la cabeza que flipas y a ti sólo se te ocurre bajarme los pantalones y chupármela?

—En realidad se me ocurren muchas más cosas… —me guiñó un ojo y volvió a forcejear con mis pantalones.

—¡Aparta de aquí puta loca! Estamos en mitad de la calle, eres una enferma —me levanté del suelo y salí corriendo mientras me volvía a abrochar los pantalones.

—¡ESPERAAAAA! ¡DEJA QUE TE AYUDE! —gritó Iris.

—¡QUE TE FOLLEN, LOCA! —grité corriendo aún más rápido.

Corrí hasta que sentí que había dejado una distancia segura entre yo y la loca chupadora de pollas. Tomé aliento y un pinchazo en la nuca me recordó el golpe que había recibido unos minutos antes. Toqué el lugar del golpe y noté que me estaba saliendo un chichón. Pensé que lo mejor sería ir al hospital para asegurarme que no era grave. Miré a mi alrededor y me di cuenta que estaba en una zona de la cuidad totalmente desconocida para mi. Para poder llegar al hospital, antes necesitaba orientarme, así que decidí preguntarle a un unicornio gris que se acercaba trotando.

—Disculpe señor, ¿me podría decir en zona de la ciudad estamos?

—Hiiiiiiiii. Riiiipiraaaatiririririririrwwwwwwwwwwwwwwwaaaaaaa —respondió amablemente.

—Muchas gracias. Que tenga un buen día.

—Siiiiiiiiiiu.

Gracias al señor unicornio ya podía orientarme para ir al hospital. Después de un largo paseo, llegué. Entré por la puerta de urgencias y fui hasta el mostrador.

—Hola. Vengo a visitarme de urgencia por un golpe que me he dado en la cabeza —dije señalando mi nuca, aunque no era necesario, el chichón ya era tan grande como un melón.

—Muy bien. Déjeme su carné de la biblioteca y siéntese en la sala de espera, en seguida le llamarán.

Entregué lo que me pedía y me fui a la sala de espera. Cuatro segundos después un médico asomó por una puerta y me hizo pasar.

—Cuénteme, ¿qué le ocurre?

—Esta mañana me he dado un golpecito en la cabeza. Se me ha inflamado un poco.

—No se preocupe, no parece que sea grave —contestó el doctor mientras palpaba el chichón, que en ese momento tenía el tamaño de una pelota de básquet—. Vamos a hacerle una radiografía para descartar daños en el cráneo. Espere aquí hasta que la enfermera lo llame.

Acto seguido salió de la consulta y me dejo solo con mi chichón de 4kg. Unos cinco minutos más tarde, se abrió la puerta a mi espalda y se oyó una voz femenina:

—¿El señor Rodríguez? Soy la enfermera Iris.

Esa voz… Me giré aterrado y confirmé mis peores temores: era la enfermera que había querido chupármela en la calle. Me miró y se le iluminaron los ojos.

—¡Ahhh! Eres tú. El chico que no quiso que le ayudase con el golpe. Esta vez no te podrás escapar —dijo con malicia.

—No, por favor. Por favor déjame. Sólo quiero que me hagan una radiografía —supliqué alejándome de ella todo lo que pude.

Desgraciadamente, el chichón de la cabeza era tan grande que me impedía correr. Me arrinconó contra la pared y no pude hacer nada. Antes de que pudiese darme cuenta me había bajado los pantalones y me sujetaba el pene con la mano. Abrió la boca y… desperté.

Miré a mi alrededor y todo era blanco. Estaba en la cama de un hospital. Tenía un gotero conectado a mi brazo derecho y me dolía mucho la cabeza. A mi lado izquierdo una máquina dibujaba mi ritmo cardíaco. Dos enfermeras llegaron corriendo.

—¡Ha despertado! —dijo una—. Voy a avisar al doctor.

—Ve, yo me quedo con él —dijo la otra.

—Perdone, ¿podría decirme qué hago aquí?

—¿No te acuerdas de nada?

—¿Acordarme de qué?

—Te diste un golpe muy fuerte en la cabeza. Has estado en coma dos meses. Pero no te preocupes, tu vida no corre peligro. Lo único que nos preocupaba era que despertases, y ya ves, has despertado —dijo con una amplia sonrisa en el rostro.

En ese momento llegó el doctor.

—Manu, que alegría poder charlar por fin contigo. Soy el doctor González. ¿Cómo te encuentras?

—Me duele la cabeza, y estoy un poco mareado.

—Eso es normal Manu, acabas de salir de un coma de dos meses. Vamos a hacerte unas pruebas y si todo va bien, en unos días estarás en tu casa como si nada hubiese pasado. Ya hemos avisado a tu familia, están de camino.

 

Permanecí una semana más en el hospital. Me hicieron muchas pruebas y pasé muchas horas haciendo rehabilitación, pero gracias a Dios, ya estoy bien y he podido volver a hacer vida normal.

Gracias por haberos preocupado por mi.

Un abrazo muy grande de parte mía, del señor unicornio y de la enfermera Iris.

Viajero

Fuente de la imagen: http://vagabundos.mx/el-viajero-del-siglo-de-andres-neuman/

 

 

 

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