Nuestros actos tienen consecuencias

– ¡Papi, en el cole nos han enseñado el cuento de la ratita presumida!- anunció María cuando la senté en su sillita.

– ¡Que bien María! ¿Te ha gustado?

– Sí. La ratita es taaaan presumida como Paula. ¡Ji, ji, ji!

– ¡Yo no soy presumida! ¿A qué no lo soy, papá?- se quejó Paula.

– Sólo un poquito, como tu hermana María.- dije sonriéndoles a las dos.

– Eso es porque somos como mamá, ¿verdad papá?

– Sí cariño. Mamá también era presumida, ¡pero un poco menos que vosotras dos, bichitos!- exclamé haciéndoles cosquillas en la barriga.

– ¡¡Para papá!! ¡¡Nos haces cosquillas!! ¡¡Ji, ji, ji, ji, ji!! ¡¡Para por favor!! ¡¡Ji, ji, ji!- rieron las dos a la vez.

Me subí al coche y arranque el motor. Puse primera y salí del aparcamiento dirección a casa.

Era el séptimo cumpleaños de Paula y en casa nos estaban esperando mis padres y mi cuñada con su marido para darle una sorpresa a Paula cuando llegásemos.

Apenas había pasado un año desde que mi mujer nos dejara. Yo no lo había superado, pero intentaba a cada segundo que mis hijas no la echaran de menos. Durante los primeros meses lloraron todas las noches porque los abrazos y el cariño de su mamá ya no estaban, se habían ido para siempre, igual que ella; pero poco a poco estaban aprendiendo a ser felices de nuevo.

Giré la esquina y me paré en el semáforo con el disco rojo. Mis hijas estaban cantando una canción que habían aprendido en el colegio. No la recuerdo. El semáforo se puso verde y re-emprendí la marcha. Había avanzado unos 20 metros cuando ocurrió. Un coche se dirigía hacia nosotros a gran velocidad, y estaba demasiado cerca para detenerse… Lo último que recuerdo es el fuerte impacto en el costado izquierdo de nuestro coche y los gritos de mi hija Paula…

Un mes ha pasado. Tan sólo un mes desde que mi vida dejara de tener sentido. Un mes desde que perdiera a mis dos pequeñas. María y Paula… 5 y  7 añitos… Mis pequeñas…  El médico me dijo que fue todo muy rápido, que no sufrieron. Me consuela saberlo. Ya están descansando junto a su mamá… Las tres juntas, mis niñas y mi esposa…

El conductor del otro vehículo, un joven de 24 años, salió ileso. Dicen que justo después del impacto bajó de su vehículo y se acerco a nosotros. Perdió el conocimiento cuando vio a mis dos pequeñas sin vida en los asientos traseros, aplastadas por el techo del vehículo volcado. Se saltó el semáforo en rojo porque apenas hacía unos segundos que había cambiado a ese color y no tenía ganas de esperar a que estuviese verde otra vez. Además, había bebido. Ni siquiera frenó, impactamos antes que pudiese darse cuenta de lo que estaba pasando.

Dos semanas después del accidente se quitó la vida.

En cuanto a mí, ya no tengo nada, sólo el deseo de apagarme. Ellas eran todo lo que he tenido, y mi sitio está a su lado.

Dejo esta carta como testimonio de una familia destrozada a consecuencia de los actos de alguien ajeno a sus vidas. Alguien que subestimo las consecuencias de sus actos. Alguien que lo perdió todo y lo arrebató todo. 

 

11/12/2013

Casa abandonada

 

Le encontraron sin vida a los dos días, tumbado en el sofá de su casa con esta carta en la mano.

 

Nuestros actos tienen consecuencias. Hasta que no pasa creemos que no va a pasar. Puede que nunca ocurra, pero, sólo con que lo haga una vez…

Discusión

    • Manu
  1. Eric
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  2. Amparo Rodriguez Nieto
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