LA TERCERA CITA

 

«Estoy llegando» decía su whatsapp.

Cogí la copa y sorbí un poco de vino. «Llegas tan tarde que me he buscado a otra, ¡que lo sepas!» le contesté. Guardé el móvil y sonreí. Tenía muchas ganas de verla. Aquella era nuestra tercera cita. Las dos primeras fueron hacía más de un mes, antes de mi viaje a Camboya. No te preocupes, voy a contarte cómo fueron esas dos primeras citas, pero antes tengo que contarte como nos conocimos. Ella trabajaba en una biblioteca, y yo me acerqué a preguntarle por un libro.

—Hola. ¿Tenéis el libro Habla la consciencia?

—Puedes mirarlo tú mismo en los ordenadores que hay repartidos por la biblioteca.

«Vaya, me ha tocado la borde de turno».

—Lo sé, pero el buscador me dice que está en la estantería cuatro de la sección de espiritualidad y es mentira —contesté con la mejor de mis sonrisas—. Tal vez alguien lo haya cambiado de sitio.

—Entonces no puedo ayudarte. —Levantó la mirada—. Lo siento.

«Es muy guapa. Joder, siempre me tienen que gustar las bordes».

—Gracias de todas formas.

Me fui del mostrador y seguí buscando el libro perdido, pero ya no me podía concentrar. Soy ese tipo de persona que cuando algo se le mete en la cabeza tiene que hacerlo o no deja de darle vueltas. Paulatinamente dejé de preocuparme por el libro y comencé a preocuparme por la chica borde y guapa del mostrador. Más concretamente empecé a pensar en la manera de conseguir su número de móvil. Descarté la idea a los pocos segundos. Si le pedía el móvil lo mejor que podía pasarme es que me diese una hostia. Tenía que pensar otra cosa. La miré desde la distancia de las estanterías. Ya lo he dicho, pero tengo que insistir: era muy guapa. Tenía el cabello negro, liso, suelto y largo. Los ojos oscuros detrás de unas gafas de pasta negras. Su nariz no era ni puntiaguda ni chata, o sea, era una nariz normal y perfectamente proporcionada a su cara. En una de las aleta de la nariz llevaba un pequeño piercing en forma de aro. Y por último, su boca. Tenía los labios bonitos y carnosos, y los dientes blancos y bien alineados. En resumen: para mi era perfecta.

«Ya está. Tengo que averiguar su nombre para buscarla en Facebook. Luego ya veré qué hago».

Me acerqué de nuevo al mostrador. A veces las personas que trabajan de cara al público llevan una chapa identificativa con su nombre. Miré en la zona del pecho, donde normalmente van las chapas. No había chapa. Sólo una camisa blanca con los dos primeros botones desabrochados.

—¿Hola? —dijo mirándome con las cejas levantadas y la boca abierta.

«Mierda. Me ha pillado mirándole el escote». Me puse rojo como un tomate.

—Ho-hola. Soy el d-de antes.

—¿Necesitas algo o sólo has venido a mirarme el escote?

—¡No te estaba mirando el escote! Ha sido un acto reflejo, ¿vale?

—Claro. Mira, tengo muchísimo trabajo, así que si necesitas algo dímelo ya.

«Es la persona más borde que he conocido nunca».

—Está bien. Si que necesito algo. Necesito saber cómo es posible que alguien con tan mal carácter trabaje de cara al público. —Tomé aire—. Y también quiero saber como te llamas.

«Ahora viene cuando me manda a la mierda y me vetan la entrada en la biblioteca».

Me miró fijamente y dijo:

—Perdóname. Nos han llegado 2.000 libros nuevos y tengo que registrarlos en el sistema antes de fin de mes. —Se colocó bien las gafas—. No es motivo para ser borde, pero me estoy agobiando mucho y la gente sólo viene a hacerme preguntas estúpidas.

No esperaba eso.

—No te preocupes. Todo podemos tener un mal día. Y perdón por mirarte el escote… ha sido involuntario.

Sonrió. Sonreí.

—Suerte con los 2.000 libros. Ya vendré a molestarte cuando hayas terminado con ellos.

Me giré y comencé a andar hacia la salida.

—Oye, espera —sonó su voz—. No te he dicho mi nombre.

—¡Ya no lo necesito! —contesté en voz alta andando de espaldas. Le guiñé el ojo y salí de la biblioteca.

«María».

Había visto su nombre en una pulsera que tenía en su mano derecha. Lo vi con total claridad en el momento que se colocó las gafas.

«María. Ya no se me olvida».

Me subí a la bici y pedaleé alegremente hasta casa. Mientras, mi cabeza, ya estaba pensando en la próxima vez que íbamos a vernos.

 

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la tercera cita

Este es el primer capítulo de mi novela LA TERCERA CITA. Inicialmente, la novela íntegra fue publicada en este blog, pero viendo el gran éxito que tenía, decidí publicarla en ebook y en papel para que todas esas personas que quisieran pudiesen comprarla y tenerla. Además, añadí dos capítulos inéditos que sólo los que compren el libro podrán leer: el prólogo y el epílogo.

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¡Un abrazo muy grande!