Los cambios siempre son interesantes

El otro día me pasó algo increíble. Ni siquiera la palabra increíble es lo suficientemente fuerte para definir la extraordinariedad de lo que me pasó.

Mira, todo ocurrió en la peluquería. No la peluquería a la que voy siempre, sino una peluquería nueva. Dicen que el cambio siempre es interesante, y doy fe de eso. Si hubiese ido a mi peluquería habitual nada de lo que voy a contarte hubiese ocurrido. Pero el caso es que fui a una peluquería nueva y sí, lo que voy a contarte ocurrió de verdad.

—Hola. Vengo a cortarme el cabello —dije a una mujer con cara de pocos amigos que estaba sentada en el mostrador de recepción.

—Un momento —respondió sin mirarme.

«Comenzamos bien, Manuel» pensé.

—Vale, dime —dijo la recepcionista al cabo de un par de minutos.

—Vengo a cortarme el cabello.

—Ok. Siéntate y ahora te avisaremos —dijo señalando una silla que había en la entrada.

—Muy bien.

Me senté en la silla de plástico y observé con atención la peluquería. Era una peluquería típica de centro comercial. De esas que no reservan citas y que dos de las cuatros paredes son de cristal transparente. En la zona de trabajo había dos peluqueras arreglando el cabello a dos clientes. Una de las peluqueras estaba embarazada y a su lado, la recepcionista, parecía una mujer agradable. Recé para que no me tocase con ella, pero en ese momento pasó Murphy caminando —el de la Ley— y la peluquera embarazada terminó de arreglar el cabello a su cliente.

«Mierda».

—Ya puedes pasar —me avisó la recepcionista.

Me levanté de la silla y fui hacia la zona de trabajo. La peluquera me estaba esperando con un chicle en la boca.

—¿Qué te hago? —me preguntó mientras pasaba su mano por mi cabeza con demasiada fuerza.

«Arrancarme los cabellos, animal».

—Quiero que me cortes los costados y la nuca al 1, y que me vacíes un poco la parte de arriba —contesté manteniendo la calma.

—Vale. —Pegó el último tirón a mis cabellos.

Sacó la máquina de cortar y en cinco minutos reales —no exagero—, hubo terminado. Flipé. Y al mismo tiempo estaba aterrorizado. No pude evitar imaginarme la nuca llena de trasquilones y desniveles.

—Ven —dijo alejándose. —Te lavaré la cabeza.

Me miré en el espejo y vi que el costado izquierdo estaba mucho más corto que el derecho. Y en la sien derecha había un gran trasquilón.

«Madre mía… Esta mujer me ha hecho un desgraciado» pensé con amargura.

Me lavó la cabeza con acondicionador —lo sé porque no hizo espuma y me dejó el cabello muy suave— y me llevó otra vez a la zona de trabajo. Ojito ahora, que viene lo mejor. Comenzó a secarme el cabello con aire frío y cuando aún estaba mojado, apagó el secador, secó su mano en mi camiseta —sí, como lo oyes, secó su mano en mi camiseta como si de un trapo se tratara— y me dijo:

—Ya estamos.

La miré. Me miraba con cara de asco mientras mascaba el chicle escandalosamente. No pude aguantarme más.

—Discúlpame, pero eres la peor peluquera que me he encontrado en la vida. Me has cortado el cabello como si estuvieras esquilando ovejas. Me has lavado la cabeza con acondicionador. Y para rematarlo, te has secado las manos en mi camiseta —dije levantándome de la silla. —No pongo una reclamación a la empresa porque bastante pena me da la criatura que llevas en la barriga como para hacerle perder el trabajo a su madre; pero viendo tu actitud, poco tiempo vas a durar. Venga, que disfrutes del chicle.

Y me fui. Pasé por la recepción, dejé encima de mostrador los 10 euros que cuesta que te destrocen la cabeza en esa peluquería y salí de allí. Aún tuve tiempo de escuchar a la peluquera y a la recepcionista como me llamaban maleducado y sinvergüenza. No pude evitar reírme.

Por suerte, después fui a ver a Sonia —que casi se mea encima cuando vio mi cabeza— y me arregló el destrozo con una máquina que tenía. Cuando terminó se lo agradecí con un bonito masaje.

En fin, anécdotas.

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P.D: El cambio siempre es interesante. A mi me encantan los cambios. Lugares nuevos, gente nueva, comida nueva, canciones nuevas… La vida sin cambios sería un asco. Pero como en todos los aspectos de la vida, hay excepciones. Y en este caso son las peluquerías. Si en la peluquería habitual te cortan bien el cabello, es mejor que no cambies. De verdad, no cambies o tu cabeza parecerá el Gran Cañón del Colorado y tu ropa un trapo mojado.

Un abrazo 🙂

Fuente: boomsbeat.com

Así quedó mi cabello… // Fuente: boomsbeat.com

 

Discusión

  1. mai
    • Manu

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