La mejor versión de ti mismo

Hace poco conocí a alguien que me dijo una de esas cosas que marcan. De las que recuerdas durante mucho tiempo y, cuando al fin los olvidas, la enseñanza que nació de ellas sigue ahí, como un árbol que nace de una semilla cualquiera, en un momento cualquiera, en un lugar muy concreto.

Debéis ser la mejor versión de vosotros mismos. No aquí, no ahora; sino siempre. En vuestra vida personal, profesional, emocional e incluso sexual. Si podéis echarle a vuestra pareja un polvo de diez, ¿por qué echárselo de siete?

Decidle a vuestros seres queridos que los queréis. Entregaos al máximo en todo lo que hagáis. Buscad siempre la excelencia, en todos los ámbitos de vuestra vida. En definitiva, sed la mejor versión de vosotros mismos.

Yo miraba a esa persona y asentía mecánicamente. En ese preciso momento no era del todo consciente de la fuerza que tenían esas palabras. Del gran impacto que podían generar en la mente de un joven de 26 años lo suficientemente humilde para escucharlas —además de oírlas—, y asimilarlas. Y eso hice. Me di cuenta que esas palabras, salgan de la boca —o de los dedos— de quien salgan, son una verdad intachable. Una verdad que tú ya conoces, pero que no siempre recuerdas. Una verdad que es necesario enarbolar, como una bandera de esas que tanto nos gusta exhibir y con las que tanto nos identificamos, y predicarla en todo momento, a todas horas. Con el ejemplo, claro. Piénsalo. “Debo ser la mejor versión de mí mismo siempre”. ¿Cómo podría no ser así? Y ahora te pregunto, igual que me pregunté a mí mismo: ¿estás siendo la mejor versión de ti mismo?

Fuente: religionnews.com

Fuente: religionnews.com

 

SIENDO LA MEJOR VERSIÓN DE MÍ MISMO

Para ser la mejor versión de nosotros mismos probablemente tengamos que cambiar muchas cosas en nuestra vida. Actitudes, pensamientos, personas, hábitos… Pero pensándolo mucho y pidiendo la opinión de algunas personas a las que considero grandes versiones de sí mismas, he conseguido resumirlo en tres ideas principales.

 

1. ¿Negatividad? ¿Qué es esa mierda cosa?

Todos conocemos a personas negativas. Esas personas juzgan a los demás porque se sienten minúsculas, débiles. Esas personas critican todo, da igual de qué se trate. Llevan puestas las gafas de lo negativo y siempre verán lo peor de todo. No serán capaces de verle la parte positiva a nada. En mi vida he conocido a muchas personas así. Os pongo un pequeño ejemplo:

Hace algunos meses que estoy tonteando con el vegetarianismo porque soy un gran amante de los animales y quiero experimentar en mi propio cuerpo los posibles efectos, positivos o negativos, que produce una dieta libre de productos animales. Al igual que cuando dejé de fumar —o cualquier otra decisión importante que haya tomado—, me lleva un tiempo implementarla definitivamente en mi vida. Pasos adelante y atrás, dificultades, replanteamientos y, sobretodo, mucho aprendizaje. Sin embargo, me conozco lo suficientemente bien como para darme cuenta cuando una semilla de cambio ha germinado y ya no hay vuelta atrás, por muchas veces que retroceda o gire la cabeza para mirar el camino que queda a mi espalda. Y así es en este caso concreto, el de mi alimentación. El trato que la industria alimentaria da a los animales me impide mirar hacia otro lado y hacer como que no pasa nada, y por ello decidí que no iba a comer más productos animales. En un primer momento eliminé de mi dieta los productos de animales que no hayan vivido en libertad o semilibertad porque, aunque odio el maltrato, creo en la cadena alimentaria y conozco las evidencias científicas que indican que el ser humano ha consumido productos animales desde sus orígenes y estos son beneficiosos para nuestra salud. Estuve varios meses sin consumir carne, pescado o huevos de supermercado o tiendas de alimentos NO-ecológicos, lo que me impedía consumir ningún plato que no fuese vegetariano cuando iba a comer fuera de casa con mis amigos o familiares. No sé cuantas veces tuve que explicar el porqué de lo que hacía. Me lo preguntaba todo el mundo. La mayoría de las personas escuchaban mis argumentos, los entendían y no emitían ningún juicio de valor. Pero había otras que cuestionaban mi decisión con argumentos muy sólidos: hoy en día es muy difícil hacer eso, el mundo está organizado de un modo que impide hacer lo que tu quieres hacer; ya te cansarás, ya; ¿los animales ecológicos no son animales? ¿Entonces por qué te los comes?; pero si tú te has hartado a comer carne siempre; cada día te da un venazo diferente; etcétera. Ya veis, gente que suma ;). El caso es que al cabo de unos meses mi situación personal cambió drásticamente y decidí dar un paso atrás hasta que todo se normalizara. Nuevamente, hubo dos grupos de personas. Las que aceptaron sin más mi cambio y las que necesitaban dar su opinión destructiva. Ya sabía yo que te cansarías; tanto no comer carne para ahora volver a comer; te dije que el mundo no estaba preparado para comer como tú comías; etcétera. Y entre esos dos grupos de personas hubieron algunas excepciones, tan escasas que no merecen tener un grupo propio, pero con una fuerza tan grande que eclipsaron al resto. Esas personas no restaron, sumaron. Esas personas, positivas y entusiastas, me dijeron:

Te felicito, haya durado lo que haya durado, cualquier cambio positivo en tu vida habrá sumado. 

Y tenían razón. ¿Eres fumador y quieres dejar de fumar pero a las dos semanas terminas volviendo? No pasa nada. ¡Hey, has estado dos semanas sin meter humo en tus pulmones! Y da igual que los demás te lo echen en cara. Seguramente tendrás que suportar el típico comentario que dicen las personas negativas: Ya sabía yo que durarías poco. No sé cuantas veces has dicho que lo dejabas y nunca aguantas más de dos semanas. Y claro, esa persona estará fumándose un cigarro mientras te diga eso. Porque ese tipo de comentarios siempre los hacen las personan que tienen envidia porque tú estás intentando cambiar algo que ellos no se atreven a cambiar. Ellas no se atreven a cambiar porque se sienten débiles, por eso tratarán de evitar que tú cambies y se alegrarán de tus fracasos. Pero yo te digo que no es un fracaso. Cualquier cambio positivo que hagas en tu vida, dure lo que dure, habrá sumado. Y si lo sigues intentando, habrá un momento en el que te sientas tan fuerte que la semilla del cambio germinará y ya no habrá vuelta atrás.

Si estás intentando cambiar algún aspecto de tu vida, ¡mucha fuerza y ánimo! 🙂

Fuente: forbes.com

Fuente: forbes.com

 

2. Dúchate cuando estés duchándote

Puede parecer una redundancia, pero no lo es en absoluto. ¿Cuántas veces hemos estado haciendo algo y hemos tenido la mente en otro lugar o en otra tarea? ¡Muchísimas! Tú, yo y cualquiera. ¿Cómo vamos a ser nuestra mejor versión si no prestamos la máxima atención al momento presente? ¿Cómo vamos a ser la mejor versión de nosotros mismos follando, si nuestra mente está pensando en el orgasmo que tendremos y no en la comida de coño que estamos realizando? ¿Cómo vamos a ser el mejor escritor, actriz, médico, profesora, albañil, fontanero o policía posible si cuando estamos trabajando no lo hacemos con la máxima dedicación y amor? ¿Cómo vamos a ser el mejor amigo posible si cuando estamos tomándonos una cerveza con los colegas le prestamos más atención al móvil que a la conversación que estamos teniendo con ellos? Este punto tengo que trabajarlo, lo reconozco 😛

En resumen, para ser la mejor versión de nosotros mismos debemos prestarle la máxima atención al momento presente y a lo que está ocurriendo en él. Sólo así podremos poner todo nuestro amor en ello y ser la mejor versión de nosotros mismos.

Fuente: huffingtonpost.com

Fuente: huffingtonpost.com

 

3. Quiere y agradece

Es difícil que alguien que se vuelca sin condición con su entorno no sea la mejor versión de sí mismo en todo momento. Mirar a la vida con amor y gratitud nos convierte en seres positivos, entusiastas, solidarios, que suman. Hay que abrazar a la vida tal y como es, pues así debe ser y poco o nada podemos hacer para cambiarla. No obstante, lo que si podemos cambiar es nuestra forma de verla y vivirla. Las mayores enseñanzas provienen de las personas con mayores problemas o dificultades, porque esas personas han aprendido que la vida puede ser muy dura y cruel y saben que aceptarlo es el primer paso hacia la felicidad. Por eso hay que agradecer cada día todo lo que tenemos, por poco que sea. Dar las gracias con sinceridad genera en nuestra mente un estado de ánimo ideal para ser nuestra mejor versión. Ser agradecidos nos convierte en personas positivas que saben ver la parte buena de la vida. ¿Cómo podríamos ser agradecidos si ser positivos? ¿Acaso alguien conoce alguna persona negativa que sea agradecida con lo que la vida le ofrece? 😉

Y por supuesto, para ser la mejor versión de nosotros mismos tenemos que querer a las personas que nos rodean. Si alguien no merece estar en nuestra vida, lo sacamos. Nos rodeamos sólo de personas que lo merezcan, que sumen. Y luego, las queremos. Valoramos lo que hacen por nosotros. Valoramos su tiempo, su compañía, su amor, su amistad. Les demostramos que son importantes para nosotros y hacemos que se sientan queridas. Nos alegramos de sus triunfos y nos ponemos a su lado cuando fracasan, sin condición. Nos acordamos de ellas si estamos lejos. No les damos la espalda cuando nos necesitan. No les gritamos salvo que sea para decirles que las queremos. No las dejamos solas cuando más lo necesitan. Y todo esto, en especial con nuestros padres, que son los que más han hecho por nosotros. ¿Cómo vamos a ser el mejor hijo posible si no respetamos, queremos y cuidamos a nuestros padres? Y si, a veces, nuestros padres no entienden nuestras decisiones o estilo de vida, nuestros sueños o anhelos, trataremos de explicárselo y dejar en sus manos la decisión de entendernos y respetarnos o no. Pero nosotros seguiremos queriéndolos agradeciéndoles lo que hacen o han hecho por nosotros, porque si no, no estaríamos siendo la mejor versión de nosotros mismos 😉

Fuente: intuitioninbussines.org

Fuente: intuitioninbussines.org

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