Una cena cualquiera en familia

Hola, mi nombre es Héctor y antes de comenzar con el relato hay algo que debo aclarar: soy vegetariano.  Ya está, comienzo con la historia.

Son las 20.23h de un día cualquiera de un mes cualquiera. Estoy de camino a casa de mi madre para cenar con ella. No es que no me las apañe bien en la cocina, sino que a ella le gusta que vaya de vez en cuando. “No vienes nunca a ver a tu madre” me echa en cara. “Ok mamá, esta noche voy” le contesto sin mucha seguridad. Ya me conozco como son las cenas en su casa. Primero te echa en cara cualquier cosa que le venga a la mente; después te hace preguntas absurdas; a continuación cuestiona tus decisiones; seguidamente se escandaliza si te enfadas porque no respeta tus decisiones; entonces vuelve a repetir las preguntas absurdas; finalmente decide que no la quieres y estás trastornado porque decides poner fin a la cena e irte a tu casa, donde estás la mar de tranquilo y eres casi feliz. ¿Demasiado complicado? Espera, ahora lo entenderás mejor.

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A todos los que se han cruzado en mi camino

Hace casi cuatro años mi vida daba un gran giro. Dejaba atrás un amable pueblo para irme a una bonita ciudad. Hoy, he dejado atrás la bonita ciudad para volver a la tierra que me vio nacer y crecer. Tal vez la que también me verá morir, pero eso aún no lo sé.

Decía que hoy ya no estoy en la bonita ciudad. Y si te digo la verdad, la echo de menos. Aquí sentado, con las manos en el teclado, me acuerdo de todas y cada una de las personas que se han cruzado en mi camino durante estos cuatro años. De todas, todas. Y eso es un follón, porque me gustaría escribir sobre cada una de ellas, pero es imposible. Quiero escribir un post, no una novela, así que trataré de no enrollarme mucho. No prometo nada.

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Letras y sexo

Letras y sexo. Una combinación rara, ¿verdad? Eso pensaba yo hasta que la conocí a ella. Perdona, olvidaba que no sabes quien es ella. Ella es, de forma resumida, una mujer con experiencia y muy atractiva. Una mujer con la que puedes soñar, pero nada más, porque entre otras cosas, vive lejos y ya tiene con quien compartir las sábanas. Pero ya ves, la vida a veces te sorprende. ¿O es el morbo el que te sorprende? No sé. El caso es que me llevé una sorpresa.

Todo empezó con un inocente mensaje. “Hola, ¿cómo estás?”. “Muy bien. ¿Y tú?”. “También”. Unos cuantos mensajes más hablando de esto y de aquello, y de repente, sin saber cómo, las letras se volvieron sexo. No voy a entrar en detalles, pero pocas veces he sentido tanto morbo como ese día. Bueno, como ese y como los que le siguieron. Cada noche las letras y el sexo se volvían una sola cosa. Y cada noche era más intensa que la anterior. A lo mejor se nos fue un poco de las manos, pero joder, que dulce locura…

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¿Por qué he estado dos meses sin escribir?

Hace mucho tiempo que no escribo, así que no estoy seguro de que aún sepa hacerlo. Lo intentaré y espero que no decaiga mucho el nivel 😉

Tal vez seas una de las muchas personas que me han escrito durante mi ausencia para preguntarme porqué no escribía y cuándo volvería a hacerlo. O tal vez no. No importa. Sea como sea, en este post te voy a explicar qué ha sido de mi durante los dos meses de ausencia. Coge un vaso de agua y siéntate, los hechos que voy a relatar a continuación son difíciles de creer, pero son absolutamente reales. Allá voy.

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Sinrazón

No sé cómo empezar, pero decir lo que quiero decir no creo que resuelva el problema que hemos causado. Es como pretender sacar un as de corazones en la baraja de mi vida. El gran corazón no va a soportar la incertidumbre. Tal vez ni siquiera las picas puedan hacerlo. Al fin y al cabo, ¿qué sería de nosotros sin el agradable sabor de la miel? Nunca lo sabremos, pues la miel nos ha estado envenenado el alma y el corazón desde que el mundo es mundo y el hombre es basura. Problema y solución al mismo tiempo. Que delirio, señor. Y hablando de señores, buenas tardes y bienvenidos, damos y caballeros. También a ustedes, damas y caballeras. Claro que sí, que bonito es que estemos todos aquí reunidos celebrando la septuagésimo quinta mil edición de estos juegos de la no-hambre. Porque otra cosa no, pero el hambre nos es desconocida en todas sus expresiones. Suerte, amiguitos y amiguitas, suerte. Suerte. Sí, lo nuestro es suerte. Discúlpenme, hoy me siento afortunado. Se está quemando el bosque donde cacé mi primera ardilla. Yo estuve allí con ella, luego yo me fui y ella se quedó. No puedo evitar pensar que algo malo le puede estar pasando. Ojalá ella también se sienta afortunada hoy y logre escapar a las llamas. Maldita ardilla, cuanto la quiero, joder.

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