El taimado Sam Jartus

Hubo un tiempo en que el Sol se ponía por el Este y la Luna nunca desaparecía del cielo. No había más humo en el aire que el de las hogueras nocturnas que acogían largas y alegres charlas al tiempo que asaban deliciosos manjares. La única preocupación que tenían los habitantes de ese idílico mundo era poder comer y beber y dormir bajo cobijo las noches de lluvia. Ni siquiera les asustaba la muerte. Sabían que todo lo que nace ha de morir, y también sabían que nada es más natural y necesario que la vida de la muerte y la muerte de la vida.

Como ya he dicho, todo iba bien, hasta que cierto día empezaron a escasear los alimentos. La gente tenía menos para comer y se tomó la decisión de emigrar a nuevas tierras con el fin de hallar otras fuentes de alimento. De esta forma, abandonaron las montañas en las que habían vivido los últimos siglos y se adentraron en la Gran Llanura. Pero las cosas no mejoraron con ese cambio. Empeoraron tal vez, pues a la escasez de alimento se sumó la falta de lugares donde protegerse del mal tiempo. Los peñasas jamás se habían visto en una situación similar. Había mucho desánimo entre las gentes y comenzaron las disputas por los pocos recursos que se tenían. Mientras el pueblo se entregaba a los conflictos, Sam Jartus, un taimado anciano, empezó a desarrollar en su mente la idea de que debía alzarse como gran líder de, al menos, una parte de su pueblo. Una parte que él consideraba superior al resto.

montañas

El pueblo peñasa estaba compuesto por las tribus de la montaña Este y la montaña Oeste, y aunque ambas tribus hablaban la lengua santecalla, en la montaña Este se hablaba también el Lactaá. Sam Jartus era originario de la montaña Este y, desde que habían abandonado las montañas, no pasaba una noche en la que no se le escuchara murmurar en lactaán que los problemas de hambre comenzaron en la montaña Oeste y que él y sus colegas orientales no tenían por qué compartir su comida con el resto.

Poco a poco, Sam desarrolló un discurso de odio que corrió como la pólvora entre sus círculos, muy afectados por las penas del momento. Ganó popularidad muy rápido y consiguió dividir a buena parte del pueblo peñasa. Además, comenzó a llamar a la tribu del Este de una forma diferente. Los llamó Alatencas, aunque muchos de ellos se negaban a reconocerle como líder y aceptar su ideología.

Cierto día, justo cuando el sol asomaba por las montañas, Sam y los alatencas más radicalizados iniciaron una guerra contra el pueblo peñasa. Duros y largos días los que siguieron. Muchas personas murieron durante el desarrollo de la guerra de la Gran Llanura, pero no corrió tal suerte el taimado Sam, pues su lucha estaba en la retaguardia, envenenando a los suyos con su discurso de odio. Veintitrés días y mucha sangre derramada después, los peñasas consiguieron someter a Sam y los Alatencas y los expulsaron de la tribu.

Hasta ese momento jamás había habido más de una tribu en el mundo, pero ahora había dos, y además, las plantas y los árboles de la Gran Llanura se habían manchado de rojo, el color de la guerra. Cuentan que la mismísima luna, horrorizada, se escondió detrás del cielo durante los días que transcurrió la guerra porque no soportaba la visión de los hombres destrozándose entre ellos. Sólo volvía por las noches, cuando oscurecía y se interrumpían los horrores de la guerra. Desde entonces, pocos son los días que el mundo cuenta con la presencia de la luna en el cielo diurno, pues pocos son los días donde ninguna maldad humana ocurre.

moon

Y hasta aquí esta historia, la historia de cómo el mundo se entristeció y jamás volvió a ser lo que era por culpa del odio y la ambición del perturbado y acomplejado Sam Jartus. Cambió el mundo y, además, llevó a la aniquilación a un grupo de personas después de llenar sus mentes con ideas absurdas de superioridad y supremacía. El pueblo de las montañas del Este desapareció al poco de ser expulsados de la tribu peñasa, pues Sam no sólo era una persona odiosa y despreciable, sino que además, era un líder inepto e incapaz.

Discusión

  1. maria
    • Manu

Deja un comentario