All in

—Hagan sus apuestas, caballeros —anunció el crupier mientras repartía dos cartas a cada jugador.

Santiago contó 5 dólares y los colocó sobre la mesa. Adolfo lo imitó. Acto seguido ambos cogieron sus cartas y las observaron con atención. En la mano de Santiago había dos ochos, de picas y diamantes; en la de Adolfo un As y una Ka de tréboles.

—¿Desea usted subir la apuesta, señor? —preguntó el crupier a Santiago.

—No, estoy bien así.

—Estupendo. —Volvió su mirada hacia Adolfo—. ¿Y usted, señor?

—Así es. All in —contestó empujando todo su dinero hacia el centro de la mesa de juego.

El crupier contó el dinero del all in de Adolfo y anunció:

—Cuatrocientos setenta y cinco dólares.

Santiago clavó la mirada en Adolfo.

—¿Estás seguro de esto, viejo amigo?

—Bastante seguro, viejo amigo —contestó Adolfo enfatizando la palabra amigo.

—Pues yo creo que no. Acabas de poner en la mesa todo el dinero que tienes. —Miró sus dos ochos—. Y da la casualidad que lo has hecho en un mal momento. —Levantó la mirada hacia el crupier—. Señor, le ruego que permita a mi rival reconsiderar su desafortunada decisión.

—Eso no es posible, señor. Una apuesta hecha no puede ser cambiada —dijo el crupier.

—Señores, eviten la discusión, no tengo ninguna intención de retirar mi apuesta —intervino Adolfo mirando a su rival con determinación.

Se sostuvieron la mirada durante varios segundos hasta que volvió a hablar el crupier.

—Señor, es su turno. ¿Ve la apuesta? —le preguntó a Santiago.

Santiago miró sus dos ochos una vez más.

—De acuerdo. La veo. —Contó cuatrocientos setenta y cinco dólares y los lanzó al centro de la mesa como el que arroja mierda y orines por la ventana.

—El all in ha sido visto e igualado. Por favor, muestren sus cartas.

Adolfo dio la vuelta a sus cartas y el As Ka de tréboles quedaron al descubierto.

—No esperaba menos, Adolfo. Va a ser una mano muy emocionante. —Dio la vuelta a sus ochos de picas y diamantes—. ¿Verdad?
Adolfo ignoró el comentario de su rival y dirigió la mirada hacia el crupier, que ya se disponía a revelar las tres cartas del flop.

Reveló la primera carta:

Qu de tréboles.

Reveló la segunda:

—Siete de corazones.

Reveló la tercera:

—Ocho de tréboles.

Adolfo puso sus manos sobre su cabeza y resopló. Estaba a un trébol de conseguir formar un color, pero Santiago tenía trío de ochos.

—Ja, ja, ja —rió Santiago—. Ya te dije que esto iba a ser emocionante.

Para Santiago no representaba nada perder ese dinero, pero para Adolfo significaría el fin de todo. Volvió a resoplar mientras el crupier daba la vuelta al turn, la cuarta carta.

—Cuatro de diamantes.

Santiago sonrió. Adolfo hundió la cara en las manos.

El crupier quemó la última carta y volteó el river.

—Dos de tréboles.

¡Compartir es vivir!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *