A todos los que se han cruzado en mi camino

Hace casi cuatro años mi vida daba un gran giro. Dejaba atrás un amable pueblo para irme a una bonita ciudad. Hoy, he dejado atrás la bonita ciudad para volver a la tierra que me vio nacer y crecer. Tal vez la que también me verá morir, pero eso aún no lo sé.

Decía que hoy ya no estoy en la bonita ciudad. Y si te digo la verdad, la echo de menos. Aquí sentado, con las manos en el teclado, me acuerdo de todas y cada una de las personas que se han cruzado en mi camino durante estos cuatro años. De todas, todas. Y eso es un follón, porque me gustaría escribir sobre cada una de ellas, pero es imposible. Quiero escribir un post, no una novela, así que trataré de no enrollarme mucho. No prometo nada.

AVISO PARA NAVEGANTES: Es probable que sólo las personas aludidas en este post sepan que estoy hablando de ellas. Si tu camino y mi camino se han cruzado en algún momento de mi etapa en la bonita ciudad, relájate y sigue leyendo, seguro que en algún momento terminarás reconociéndote en mis palabras.

Adiós

Fuente: t37.net

 

Llegué a la bonita ciudad en pleno agosto de 2012. Comencé mi aventura compartiendo piso con un compañero de trabajo. Ya nos conocíamos de antes, pero poco. Los primeros días nos tomamos las medidas y la verdad es que eran muy similares. Lo pasamos de puta madre saliendo por ahí con el peor alcohol del supermercado en el estómago, entrenando en el gimnasio (o en casa), y conociendo chicas. Reconozco que nuestra mayor y prácticamente única preocupación era conocer chicas. Y si él está leyendo esto no podrá evitar darme la razón. Esa etapa duró unos meses, y la compartimos con otros tres flipados de la vida. Un gallego loco, un sevillano cabezón y otro gallego loco, pero menos. Si los gallegos locos están leyendo esto, para que sepan cuál es el más y menos loco, diré que el más loco está todo loco. Para el sevillano cabezón espero que no haya dudas.

El caso es que de fiesta en fiesta, llegó octubre. Seguramente el mes que más marcó mi etapa en la bonita ciudad. Fue entonces, gracias a una compañera de trabajo de las que visten de azul (antes vestían de verde feo), que la conocí a ella. Ella es Jacqueline, claro. La persona que más cosas me ha hecho sentir. Algunas muy buenas, otras no tan buenas. Ja, ja. Pero eso ya no importa. En mi interior hay un solo baúl, enorme, de esos de madera vieja que hacen ruido al abrirse, con un letrero que pone: RECUERDOS FELICES. Antes también había otro que ponía: RECUERDOS DOLOROSOS, pero lo dejé por el camino. Así que de Jacqueline, como del resto, sólo guardo los recuerdos bonitos. Su cariño. Su risa. Su forma de vivir. Su amor hacia los demás, especialmente hacia los animales. Su toupé indomable que creaba un gran bucle en su frente antes de caer hacia los hombros y que tanta gracia me hacía. Y su amistad después de todo. Nuestros caminos se separaron mucho antes de que yo dejase la bonita ciudad que nos unió, pero periódicamente, en algún giro inesperado de su camino o del mío, hemos seguido juntos. Y así será hasta que deje de haber camino, estoy seguro. Si Jacqueline está leyendo esto, quiero pedirle que no me mate por haberla llamado Jacqueline. Y que sea feliz. Lo deseo con todas mis fuerzas. Aurevoir.

En marzo de 2014 mi camino y el de Jacqueline ya se habían separado. Y a eso hay que sumarle que el camino de mi abuela Felipa llegó a su fin. Un mes duro. Me despedí de la persona que había hecho de segunda madre durante casi toda mi vida. Una mujer muy sufridora. Una mujer de la que me había distanciado demasiado durante sus últimos años y a la que no pude devolver el cariño que le debía. Le dije adiós y seguí mi camino con una cicatriz más.

No sé cuando fue exactamente, pero durante la primavera de 2014, comencé a conocer a alguien a quien ya conocía. No me acuerdo de su nombre, pero sí de su risa, su alegría, su forma de vivir, su mirada, su juego, sus detalles, sus palabras. Su pasión. Las noches que salíamos por ahí y acabábamos por allá. Una personita de bosque increíble.  Si está leyendo esto, quiero que sepa que conocerla ha sido una de las mejores cosas que me han pasado en estos últimos cuatro años y que le guardo un cariño muy especial. Y por supuesto, que nuestros caminos van a seguir conectados de algún modo.

Y así llegamos al verano de 2014, que es cuando conozco a los que han sido mis mejores amigos en la bonita ciudad, junto con el sevillano cabezón y el bicho, de quien no he hablado aún porque es ese tipo de persona que aunque apenas la ves, le guardas un aprecio especial. Pero a lo que iba, que en verano de 2014 comienzo a conocer de forma paulatina, a los couchfuckers, a Keitlaen, a Judi y a Helo. Hubo más, pero fueron más efímeros. Con ellos he compartido muchísimos momentos. Cervezas y tapas, playa, cenas, comidas, despedidas de unos y de otros, fiestas, barraques… Muchas cosas. Ninguna mala. Excepto el día que Helo se enfado conmigo y con los couchfuckers por nuestras bromas de  mal gusto. Pero seguro que ahora lo recuerda con una sonrisa, o eso espero. Con los couchfuckers, entre los cuales me incluyo porque así es como nos llamamos entre nosotros, es con quien más historias he compartido. Con el alto he tomado muchas cervezas. He comido muchos pinchos. He reído mucho. Y he aprendido algo de mecánica y jardinería. Con el menos alto, pero igualmente alto, he tomado alguna cerveza menos y he comido algún pincho menos, pero igualmente me he reído mucho con él y he aprendido mucho de él. Sobre todo de temas informáticos y económicos. Y no se me olvida el enorme favor que me hizo durante los últimos días en la bonita ciudad. Tampoco la botella de vino (o mejor dicho, de cava) que le debo. Hostia, acabo de acordarme de aquél pulpo y aquella sepia que pescamos y cocinamos en el bungalow de Judi y compartimos con ella y su familia. Y con la chica holandesa. No recuerdo si comieron sepia, pero sí estuvieron en ese pedazo del espacio-tiempo con nosotros. Fue una bonita noche de verano. Y hablando de Judi, ¡qué chica más valiente! Qué capacidad para luchar por lo que quiere contra viento y marea. Cuánto he aprendido de ella aunque ella no lo sepa. Si los couchfuckers y Judi están leyendo esto, que sepan que por mi parte no es un adiós, sino un nos vemos.

Ellos, como ya he dicho han sido mis mejores amigos en esa bonita ciudad, junto con el bicho y el sevillano cabezón. Con estos dos los momentos que compartí fueron menos. Ambos conocieron a sus parejas al poco tiempo de conocernos y cambiaron de estilo de vida, pero qué grandes son los dos. El bicho es ese tipo de persona que mezcla perfectamente la bondad con la soberbia. Sé que suena raro, pero quien le conoce sabe que digo la verdad. Es ese tipo de persona que se gusta a más no poder pero jamás se pondría a él por encima de nadie. Curiosa mezcla que lo hace único. Y el sevillano cabezón no tiene la cabeza grande, más bien la tiene pequeña, pero tiene mucha afición por las cabezas, así que así lo llamo. Él es un tipo que suele caer bien a todo el mundo. Gracioso, echado para adelante, bueno y muy alegre. Alguien que me ha acogido entre los suyos cuando me ha hecho falta a cambio de nada. Un buen amigo. Si el bicho y el sevillano cabezón están leyendo esto, también a ellos, nos vemos pronto.

Un poco más tarde conocí a Betty. Con ella todo fue muy rápido. Rápido e intenso. Ella es la persona con la que más me he permitido soñar y la que más me ha animado a hacerlo. Supongo que tiene que ver con que ella también tiene sueños y le resulta muy fácil empatizar con otros soñadores. El caso es que me demostró que más allá de su físico de azafata de aerolínea de alto standing, hay una energía muy luminosa y positiva que proyecta paz y ganas de vivir a cualquiera que se le acerque lo suficiente. Si Betty está leyendo esto, le deseo mucha suerte en su nuevo camino. No la necesita, pero se la deseo igual.

Por último, en el final de mi etapa en la bonita ciudad está la cerida Clau. Sí, cerida con C. Ella dice que no, pero si nos coges a los dos y nos pones el uno al lado del otro, verás a dos personas aparentemente muy diferentes. Digo aparentemente porque quitados los envoltorios, no lo somos tanto. Lo primero que me llamó la atención de ella es su cara. Es muy guapa. Y tiene un forma de mirar a la gente muy peculiar. Entre divertida y aburrida. Una mezcla muy interesante que hace que tengas ganas de saber que está pensando. Además, no es una chica fácil. Para nada. Joder, ahora que lo pienso, es muy difícil. No puedo evitar reírme al recordar nuestras primeras conversaciones. Es una risa un poco triste. Cuando conocí a Clau nuestros caminos ya estaban condenados a separarse. Tal vez por eso no llegué a permitir que nos conociéramos del todo. Si Clau está leyendo esto, no sé ni que decirle. O sí, pero mejor se lo digo algún día a la cara.

Y antes de acabar, quiero acordarme de todos los compañeros de trabajo. No me imagino mejores compañeros. Ha habido algunos con lo que he tenido mejor relación que con otros, pero no ha habido ninguno con el que haya tenido mala relación. Quitando a los que ya he nombrado antes, me acuerdo de Riojas, tiarrón de gimnasio por fuera, ratkid por dentro; Villamontes, gasolina en las venas y mucho sentido del humor; Garrid, buen tío, buen compañero, con los pies en la tierra y la cabeza bien amueblada; Espi y Carolina, buena gente que me han echado algún que otro cable; Pachequillo, te destroza la mano al encajar, pero buen compañero y fan de la magia; Hectoret de la Vega, un gran tipo con otro estilo de vida y prioridades pero con el que tengo mucha afinidad y al que respeto molt; Anita, algunos dicen que una loquita, yo digo una chica diferente y en una constante lucha interior, como yo; Kaikai, el tío más tranquilo del mundo, pero mal pescador; Vallejillo, un pedazo de pan que se enfada mucho cuando pierde el Madrid. Y todos los demás, con quienes tal vez no he compartido tanto y nuestra relación ha sido estrictamente en el ámbito laboral, pero son la hostia y les deseo lo mejor.

Después están los compañeros que visten de azul. Gente de puta madre que aprecio mucho. Un abrazo a todos.

Y al resto de personas que se han cruzado en mi camino durante estos últimos cuatro años, les doy las gracias por, de algún modo, haber aportado algo a mi vida.

A todos, gracias y hasta pronto.

Discusión

  1. Andres
    • Manu
  2. Judi
    • Manu
      • Judith
        • Manu

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